miércoles, 27 de marzo de 2013

LA POESÍA ABRE UNA VENTANA PARA ILUMINAR : DOLORES CASTRO



Por: Nohemí Sosa Reyna.

“Yo no sé qué lleva
más allá de mis ojos
y me dobla las fuerzas
como ramas”.

Encuentro en la poesía de Dolores Castro una sombra de melancolía.
Y aunque el mismo Aristóteles ha escrito que “los melancólicos son naturalezas serias y dotadas para la creación espiritual” (Problema XXX, I) ese sentimiento que acompaña a la edad adulta y a la tierra en otoño, impregna con dolor de ausencia la expresión de la poeta autora de El Corazón Transfigurado, y nos da enorme enseñanza de la amistad creativa, a través de los años, desde su amistad con la imponente escritora Rosario Castellanos y años después con Amparo Dávila y Enriqueta Ochoa, ascendiendo a las cumbres de nuestra literatura con el Grupo de los 8, al lado de la propia Castellanos, Alejandro Avilés, Javier Peñalosa –su esposo- , Roberto Cabral del Hoyo, Octavio Novaro, Efrén Hernández y Honorato Ignacio Magaloni.
  De ella expresa Alejandro Avilés “en esta rosa del alma, que es transfiguración del sentimiento, finca Dolores su lenguaje poético”, por su parte, su esposo le deja un caudal de luz, la poeta escribirá, “Todavía estoy prendida/ al fuerte canto de tu corazón/ activo y deslumbrante.” Muy cerca y en ese culto a la amistad, estarán Manuel Ponce, Inés Arredondo, Emilio Carballido, Luisa Josefina Hernández, Pita Amor y en su generación universitaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, Ernesto Cardenal, Ernesto Mejía Sánchez, Tito Monterroso, Otto Raúl González, Carlos Illescas y Ninfa Santos.
  En medio de este río caudaloso de talento y creatividad ¿cómo no iba a crecer la sensibilidad de Dolores Castro, entera y rebosante, sí es preciso hasta el dolor y el gozo entrañable?
  Así, Efrén Hernández, uno de los mejores narradores de nuestro país,  se refiere a ella así, “Sápida a ese gusto que adquiere cuando viéndonos requerida con demasiada asiduidad por la tribulación, se hace a estar y llega a considerar como suyas las estancias y las formas de la sensibilidad, la inteligencia de Dolores Castro ya casi no es reconocible en su voz, de tan húmeda y enternecida como ésta brota.”
  Aparece en su poema “Destino”, la permanente búsqueda, esa nostalgia de 
querer permanecer siempre iluminada por los otros, por Dios.

  Si no fuera porque al herirse piedra contra piedra
  algo va de nosotros en la chispa,
toda va de nosotros en el fuego que se aleja.

Este perderse así de iluminado,
este perder la cuenta
y la noción de sí, “

  En una ocasión conversamos en un receso del Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, en Huajuapan de León, Oaxaca, en plena Sierra Mixteca, como siempre sonriente y rodeada de poeta, citó aquel versículo de La Biblia, “de la abundancia del corazón habla la boca”, esa necesidad de comunicación humana, cálida, le ha dado fundamento con su poesía, ya lo escribió también en su ensayo: Dimensión de la Lengua en su Función Creativa, Emotiva y Esencial, ahí escribe y reflexiona, “ En los límites de la vida humana determinados por el espacio y el tiempo, la poesía abre una ventana desde 
donde ilumina las limitaciones nuestras”, así en el poema “Cantar”, dice:

Traigo la boca llena
con el eco del mundo
que llega
con su piel de oveja,
que se amansa y entra,
que dentro se acuesta
para crecer,
hasta quebrantar
mi pequeñez.
  
Lo que más nos sorprende en Dolores Castro es su personalísima voz, una voz no reconocida en toda su grandeza en nuestro país, una voz que aún en su búsqueda interior no olvida a los que sufren y a los desheredados, los marginados, los seres esforzados que sufren infortunios.

Allí están bien
silencien sus estómagos vacíos.
  En pocas palabras quita la vestidura hipócrita a la retórica política:
Hablar, hablar.
Bonito y adobado.
Palabras grandes
y de flor marchita.

En el libro “Soles”, publicado en 1977 y al que pertenecen los poemas que incluyen estos versos, encontramos uno de los puntos más altos de la escritora nacida en Aguascalientes, hace casi noventa años, ahí se incluyen poemas como “Los desollados”, “Y mudos ante el árido paisaje”, “Soles”.  Y en su libro “Cantares de Vela” (1960) encontramos poemas, expresionistas, de nuestro paisaje, muy bellos, como lo es “El Huizache”, creación literaria donde casi podemos oler el terso aroma de las minúsculas flores y logra casi humanizar el árbol, que viene a ser una alegoría del dolor del paisaje desértico mexicano.
   También encontré en este repaso biográfico que Dolores Castro ya tenía una increíble madurez, cuando apenas tenía veinte años, que dio lugar a la creación de su Corazón Transfigurado, un corazón que ya latía con dolor y añoranzas, ya era poeta, ya pagaba la dura cuota de los ojos abiertos ante el mundo, del sentimiento intenso y la consciencia plena.

Soy un pájaro roto que cayera del cielo
en un molde de barro;
soy el juego de un niño;
apenas soplo, lodo y su saliva;
soy el barro que guarda
este pájaro herido en la caída;
soy el caído pájaro que canta
en su dolor y en sus limitaciones;
soy todo lo que vuela, la ceniza,
el muro, el viento, el pájaro, el olvido.




 © Nohemí Sosa Reyna



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